Bratislava y Vienna

Ansiaba un viaje para estar conmigo misma. Recordarme lo importante de estar sola para no perder la esencia de escucharme y valorar lo que es la soledad. En realidad no era él lugar lo que quería conocer, sino observar de una manera externa lo que estaba experimentando en Italia.

Estaba viviendo un episodio de “Negatividad” y todo me parecía espantoso. Poco a poco me cerré mentalmente y espiritual, creando juicios a todo lo que veía. Si había algo malo en todo, entonces la que estaba mal era yo. Así que comencé una vez más con mis hábitos.

Hace una semana mi papá me envío un video que hacia hincapié a un pregunta: ¿Cuál es tu propósito?

Según yo ya sabía, pero cotidianamente me preguntaba si realmente me quería quedar en Italia o regresar a México. No entendía porque me contradecía. Estoy en Italia, ¡y es maravilloso! ¿qué no fue esto lo que desee con todo mi corazón y alma?

3 de diciembre 2019

Me levanté haciendo mi rutina; meditar y alistarme para natación. Mientras nadaba me pregunté:

Gabriela, ¿Qué eres hoy?; el sonido del agua y mi respiración las escuchaba sincronizadas como si fuera una misma.
“Agua” Respondí.
¿Qué hace el agua? “Fluir”.

Mientras nadaba, sumergía mis brazos a ritmo, respiraba cada tres brazadas y justo antes de llegar al tope de la alberca inconscientemente mi última brazada la estiraba más para agarrar vuelo y dar la vuelta, y así comenzar una vez más.

Nado con el alma, el agua me tranquiliza, me recuerda a la variedad de escenarios que tenemos en vida. No porque viva en la tierra olvide la grandeza que hay en los mares. Siempre que nado y hago la mariposa, mas bien me siento un delfín y después me viene en la mente una ballena que al saltar extiende sus aletas para hacer un giro y después dejarse caer. Mientras meditaba el gurú dijo:

“ La naturaleza tiene sus propios procesos” y comenzó mi auto reflexión ¿Quién les enseño a saltar? ¿Quién les advirtió que salir del agua podría dejarlas sin vida pero saltar no era peligroso?

He aquí la grandeza de los procesos naturales.

Así es como comencé mi viaje, con esta palabra : ¡Fluir!

Llego la hora, tomé mi pequeño bolso con una mano, mientras apagaba las luz de mi cuarto con la otra. En aquel instante mi corazón se iluminó, sabia que necesitaría esa luz para llegar de regreso a casa. Me dije antes de salir: “Todo saldrá bien”

Antes de llegar al aeropuerto conocí un Sr. anciano en la parada del bus. Me pareció muy tierno porque entre su idioma italiano y dialecto; me miró curiosamente para descifrar de dónde era, pero preguntó sin pena. Me contó que de pequeño iba a jugar al Coliseo porque antes estaba abierto al público pero que hoy, aquel monumento era más que un diamante. Porque el diamante vas y lo extraes. En cambio en el Coliseo la gente solo llega y paga su boleto. Para aquel anciano vivir con ese recuerdo fue regresarlo a un instante de felicidad que nadie le podrá quitar o comprar. Subimos juntos y el bajando antes, se despidió; que incluso estando afuera seguía moviendo su mano como fruto de una bella despedida.

BRATISLAVA… Allá es donde quiero llegar

Baje del avión, corrí al ver 61 escrito en un autobús estacionado. Toque la ventanilla como si me fuera a dejar. El conductor abrió la puerta y me dijo algo en su idioma. Parecía enojado y no sabía si subir o no, pero el hacia señas de que subiera. Me percaté que estaba vacío, avanzó dos cuadras donde era oficialmente la parada. Reí internamente y me sentí afortunada de estar ya dentro, de cierta forma pude interpretar sus palabras. “ AHÍ NO ERA LA PARADA DE AUTOBUS”

Llegando al centro comencé a caminar en busca de algo calientito. Llegué a una cafetería y para mi sorpresa encontré Chai Latte. Hace mucho que no tomaba uno, porque viviendo en Italia todo es café, café, café. Mientras la chica me preparaba mi Chai Latte, platicábamos. Cuando me lo entregó y yo lista para pagar me dijo: “es gratuito”, me pareció irreal, ¿en qué parte decía que era gratuito? y todavía perpleja de no entender termino diciendo «Bienvenida a Bratislava». No podía creer este noble gesto, le pedí una foto y le agradecí de corazón. Intercambiamos Instagram y después de haberme ido me escribió que no dudará en contactarla en caso de necesitar ayuda.

Siempre me he sentido protegida y eso era un afirmación de que nunca estaré sola.

Llegué al Mercado Navideño, donde había mucha gente tomando vino caliente y comiendo crepes. Me integre de la misma forma y estaba ahí, contemplando a cada persona en su papel, sin saber que una extraña los observaba. Platicaban, reían, algunos tomaban fotos al árbol de Navidad; familias, parejas y amigos.

Por fin hice check-in en el hostal, acomodé mis cosas y bajé al bar por mi bebida de bienvenida. Cuando llegue algunas personas me saludarón. Una chica borracha se me acercó y empezó a platicar conmigo. Mientras tanto varios chicos jugaban beer-pong, me integré únicamente viéndolos. Terminaron y al poco tiempo se dispersaron. Uno se fue a jugar jenga, otro con la chica y yo me quedé platicando con los demás. No era la mejor plática pero puse en práctica mi juicio negativo, así que me quede a escuchar y poco después empezamos a reír.

Fue divertida esa noche, solo de pensar que del beer-pong terminamos en un bar irlandés jugando un juego francés.

VIENNA

Me quedaba un día más y es aquí donde solo me deje llevar. Aprendí a valorar la soledad y no correr a brazos de alguien por una necesidad, a observar con atención los deseos de las otras personas, a compartir sin esperar algo a cambio, a reír con libertad, estar en intriga, ver numerología y así sentir la grandeza femenina. Porque en la historia de Vienna existió una gran mujer, María Teresa; emperatriz, se caso por amor y no necesidad política, dando a luz a 16 hijos. Siendo su pareja la decisión más importante y su respaldo a través de su Imperio.

María Teresa era una mujer muy revolucionaría pero realmente estaba tan enamorada que tras la muerte de su marido todo su imperio decayó, incluso mando a destruir sus vestidos de fiesta, se cortó su cabello causándose la muerte en vida por su depresión. Era una mujer capaz de hacerse cargo de todo un imperio pero no de sí misma. ¿Por qué auto destruirse?

Y ahi fue cuando logré reunir las piezas de todo este viaje.

«Lo que tenga que pasar pasará, todo es un proceso natural y solo estaba ahí tal vez no para mí, sino para alguien más. Fui a extraer un diamante que seguramente nadie me robara. Aprende a recibir los lindos gestos que la gente tiene hacia a ti.»

Seguro regresaré esta vez, para admirarle más, para darme cuenta que en el juego de vida solo gana quién no se auto destruye por cualquier situación que pase en la vida y que la soledad es convertirse en sol con la edad. Fluye pero siempre y cuando no vaya en contra de tu propio criterio.

Esta vez conscientemente hago mi última brazada para agarrar vuelo y una vez más empezar de nuevo…

¡Bienvenida a Italia!

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