Camino de Santiago

 

Habitó en el país vasco, soy enfermera y hoy mientras estaba repartiendo pastillas sentí la llamada del camino.

Así es,  el camino de Santiago.

De repente, enfrente de mí había una carretera. No sentía el aire saturado y húmedo de la geriatría, sino un fresco aroma como las mañanas de verano. 

Hubo un costa inclinada que parecía eterna después de un arroyo helado, un puente romano, un bosque de eucalipto lleno de neblina con su perfume delicado. Paramos a probar una tortita. 

De repente el calor de medio día me inundo y me entró la febrilidad de la plaza al estar enfrente de la catedral de Santiago. 

Mil años de llegadas, de finales peregrinaciones, de respuestas divinas y vendedores de recuerdos. 

Conmigo venia mi hermana, sentí extraña y nueva su compañía, a quien recién aprendo a conocer.  

La tranquila felicidad por  día de caminata, previsible y desconocido con el amor de mi corazón. 

Pero estoy aquí y ahora, donde me toca repartir pastillas y regresar a mi trabajo. Igual, que fuerte sentí esta llamada. Sé que me espera el camino. Allí quiero volver.

E.W

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